Exposición: Churruca hijo del mar y de las luces
La Ilustración fue un movimiento intelectual europeo que ponía su confianza en la razón para transformar y comprender el mundo. Los ilustrados creían en la reforma y el progreso para lograr una nueva armonía social y cultural.
Las innovaciones técnicas y científicas fruto de la Ilustración se asociaron también a las expediciones enviadas a lo largo del siglo XVIII a América y el Pacífico, en las que la Marina jugó un papel protagonista ya que los buques de la armada se convirtieron en "laboratorios flotantes".
En estas expediciones participaron muchos vascos (Boenechea, Hezeta, Moraleda, Barcaíztegui, etc.). El mutrikuarra Cosme de Churruca y Elorza (1761-1805) fue uno de los que más contribuyeron al desarrollo de las nuevas ciencias y técnicas.
Churruca vivió en la casa Arrietakua una infancia rodeada de globos terráqueos, derroteros marítimos, mapas y libros pertenecientes al insigne marino y constructor naval Antonio de Gaztañeta (1656-1728) también nacido en Mutriku. Cosme de Churruca ingresó con 15 años en la Academia de Guardias Marinas de Cádiz y perteneció al reducido grupo de los oficiales denominados "científicos" cuya vida transcurrió entre el batir de los cañones y las mediciones de astros, participó en distintas empresas militares y cartográficas colaborando en instituciones de la Marina.
Hijo del mar
Cosme de Churruca nació en 1761 y fue el cuarto de los hijos de Francisco Churruca e Iriondo y Mª Teresa Elorza e Iturriza, ambos de probada nobleza.
Tras aprender las primeras letras en Mutriku fue enviado al Seminario Conciliar de Burgos, donde permaneció cuatro años. Su tutor, Francisco Pérez, señalaba en 1773: "Cosme tiene capacidad, comprensión y memoria, está contento".
En el seminario burgalés, Cosme de Churruca manifestó una incipiente vocación marinera en la que posiblemente influyó su trato con un oficial de marina a quien conoció en el Palacio del arzobispo Rodríguez Arellano, socio de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, institución ilustrada a la que Churruca se asociaría en 1785.
Al finalizar los estudios de gramática y humanidades y con el recuerdo de su tierra vasca tan ligada al mar, Churruca se decidió a seguir la carrera de marino que le llevaría a Cádiz, único departamento marítimo donde existía una Academia de Guardias Marinas.
Los cuatro hermanos Churruca, Juan Pascual, Julián Baldomero, Cosme Damián, y Vicenta, mantuvieron buenas relaciones durante toda su vida. Las vicisitudes de Cosme como estudiante de marina y después embarcado sin percibir ningún dinero del Estado a lo largo de varios meses, le obligaron a recurrir a su familia con frecuencia, incluso a espaldas del padre, cansado muy pronto de un hijo con carrera de tanta reputación pero tan poca rentabilidad.
Hijo de las luces
En la primavera de 1776, Cosme de Churruca emprendía viaje al sur. Cádiz era entonces la ciudad más cosmopolita de España, con representantes y agentes comerciales de numerosas nacionalidades implicados en el intercambio con América, que contribuían al bullicio y alegría de su población nativa.
Tras cumplir con las exigencias del ingreso en la Academia de Guardias Marinas (nobleza, saber leer y escribir, mínimas condiciones físicas y aptitud para el estudio), el joven Churruca inició un curso de dos años.
La decisión de ampliar el número de cadetes, mejorar su educación, y extender los centros de formación a Cartagena y Ferrol en 1776, provocó el cambio de destino de numerosos estudiantes, entre ellos Churruca, quien, junto a otros jóvenes vascos, cántabros y asturianos, fue enviado a tierras gallegas tras seis meses de estancia en Cádiz.
Cosme de Churruca fue elegido maestro de cosmografía poco antes de concluir su etapa de Guardia Marina.






