Batalla de trafalgar

Churruca murió en 1805 en el combate de Trafalgar al mando del San Juan Nepomuceno junto a otros 150 hombres de una dotación de 693. Lord Nelson almirante de la flota británica moría también a resultas de las heridas recibidas en el combate.

La destrucción de la escuadra combinada franco-española en Trafalgar trajo consigo la destrucción de valiosos recursos humanos y técnicos y el colapso del tráfico marítimo con America. En ultima instancia Trafalgar supuso el declive de España como potencia marítima.

Trafalgar: De la ambición al caos

La reanudación del pacto de amistad franco-español en 1796 provocó una nueva declaración de guerra de la alianza franco-española contra los británicos en 1804.

El almirante francés Pierre Charles Villeneuve condujo la flota combinada franco-española a Cádiz, en cuya bahía se guarecieron los buques y se iniciaron los preparativos para enfrentarse a la armada inglesa al mando del mítico vicealmirante Horatio Nelson.

A principios de 1804, el ya brigadier Cosme de Churruca era trasladado al buque "San Juan Nepomuceno" y un año después decidió casarse con Mª Dolores Ruiz de Apodaca, aunque la dicha sería breve. En agosto de 1805 el "San Juan Nepomuceno" estaba ya en aguas de Cádiz ultimando preparativos y completando las tripulaciones a toda prisa mediante levas forzosas, matriculados de mar y voluntarios, todos provenientes de las capas populares de la sociedad.

En la madrugada del 20 de octubre de 1805 el jefe de la flota conjunta Villeneuve ordenó la salida de Cádiz de los 15 barcos españoles y 25 franceses que, en medio de un fuerte viento, que derivó en feroz tormenta, se encontró con la disciplinada flota británica compuesta de 27 navíos principales y otros 4 de apoyo.

La batalla comenzó la mañana del 21 y concluyó con la victoria de los británicos aunque el almirante Nelson cayó abatido, como lo fue Churruca, muerto tras ser alcanzado por una bala de cañón, engrosando ambos los casi 5.000 muertos y 4.000 heridos del total aproximado de las tres armadas.

Trafalgar,un combate innecesario

Mientras en tierra la gente presenciaba en Cádiz la salida de la flota y rezaba por su destino, a bordo de los navíos se hacía patente que muchos de los reclutados, algunos casi niños, carecían de instrucción marinera, del deseo y práctica de navegar y, peor aún, desconocían la dureza de una contienda en el mar.

La mañana del 21 de octubre, decretado el zafarrancho de combate la oficialidad se vistió de gala, sonaron tambores y se arengó a la tropa mientras se esparcía arena en las cubiertas para no resbalar con la sangre y cada grupo preparaba su intervención.

La lucha fue desesperada y feroz. Las 6 de la tarde marcaba el fin de la batalla. Antes, el "San Juan Nepomuceno" de Churruca, símbolo de una resistencia incansable reconocida por los ingleses, se entregaba solo y desarbolado tras la muerte de su jefe. A punto de ponerse el sol, los navíos de la flota hispano-francesa que habían resistido evitaban su captura iniciando la retirada a Cádiz entre lágrimas y crispación de los supervivientes, enfrentados a un furioso temporal en medio de la noche que provocó aún más bajas.

Por la mañana se intentó auxiliar a los navíos dispersos y a merced de la tempestad mientras los gaditanos socorrían, sin distinguir su nacionalidad, a los marineros arrastrados a la costa.

La contundente victoria británica en Trafalgar significó la gloria para el almirante Nelson así como la aniquilación de la fuerza naval franco-española que perdió sus mejores barcos y hombres de gran valía como Federico Gravina, Cosme de Churruca, Dionisio Alcalá Galiano, Francisco de Alcedo o Antonio Castaños. Otros fueron heridos como Ignacio Mª de Álava, Antonio de Escaño o Baltasar Hidalgo de Cisneros. La derrota supondrá para España su declive como potencia marítima y el colapso del tráfico marítimo con América.

La misma batalla, un mismo destino: Otros marinos vascos en Trafalgar

Cosme de Churruca compartió paisanaje con otros marinos presentes en Trafalgar como Ignacio Mª de Álava, Tomás de Ayalde, Francisco Moyúa, Anselmo Gomendio, Ignacio de Olaeta y José Gardoqui, entre otros.

Estos marinos, nacidos casi todos a mediados del siglo XVIII y muertos o heridos en 1805, mandaron algunas de las naves que se perderían para siempre durante el combate o en la tempestad desencadenada la noche del 21 de octubre.

  • Ignacio Mª de Álava (Vitoria, 1750-Chiclana, 1817) participó en el combate de Trafalgar al mando de una de las tres divisiones de la flota combinada. Iba a bordo del "Santa Ana" -capitaneado por José de Gardoqui- navío que fue rendido a los ingleses pero pudo recuperarse siendo uno de los cinco buques españoles que se salvaron.
  • José de Gardoqui (Bilbao, 1761-1816) al mando del navío "Santa Ana", resultó herido como Ignacio Mª de Álava pero también se recuperó siendo destinado a La Habana y a Filipinas donde murió en 1816.
  • Ignacio Olaeta (Gernika, 1757-Cádiz, 1815) se hallaba embarcado como segundo comandante en el navío "Santísima Trinidad" a cuyo trágico final sobrevivió pudiéndose recuperar parcialmente de las graves heridas que sufrió.
  • Anselmo de Gomendio (Oñati, 1760-1841) participó en la batalla de Trafalgar como segundo comandante del navío "San Ildefonso" y fue hecho prisionero, aunque liberado poco después.
  • Tomás de Ayalde (Usurbil, 1762-Cádiz, 1836) como capitán de navío y ayudante general de la Escuadra se encontraba entre los que intentaban llevar a puerto a los buques desarbolados en la batalla.
  • Francisco de Moyúa (Bergara, 1764-Trafalgar, 1805) participó en Trafalgar como segundo comandante del "San Juan Nepomuceno", muriendo en la batalla como Cosme de Churruca.

Gloria en la derrota: Churruca y Trafalgar, mitos románticos

La formidable resistencia del "San Juan Nepomuceno" contra los ataques simultáneos de varios barcos enemigos hasta que la muerte de su comandante Cosme de Churruca obligó a rendirlo, se convirtió en leyenda y así el valor desmedido de los que combatieron fue el único bálsamo de la tragedia política y humana vivida en las filas franco-españolas.

Al calor de las noticias se produjo una auténtica "plaga poética" de alabanza a los valientes marinos con títulos como "Al combate de Trafalgar" o "La sombra de Nelson" de Moratín. El mito del combate cristalizó también a través de la pintura heroica y de la recreación de Benito Pérez Galdós en uno de sus "Episodios Nacionales" titulado "Trafalgar". Cosme de Churruca se convirtió en su figura más elogiada, lo que puede también rastrearse en los libros de texto escolares de buena parte del siglo XX.

Cosme de Churruca recibió muchos honores póstumos: un monumento en Ferrol, una estatua en la plaza de Mutriku promovida por suscripción popular, así como calles con su nombre desde San Sebastián a Madrid pasando por Alicante, Vigo, Cádiz, Murcia y La Habana.




(Nota: textos entresacados de la Exposición Cosme de Churruca, hijo del mar y de las luces. Mutriku, 1 de Julio 2005 - 30 Octubre 2005)